martes, 3 de julio de 2012

RIGOBERTO CASTILLO MIRELES: “Me ha tocado recoger la cosecha”




EZC : primeramente, ¿Cuánto tiempo estuvo usted como director de Tamatán?
RCM Bueno, en la escuela de Tamatán estuve cerca de 15 años como director.
EZC  : ¿De qué año a qué año?
RCM Aproximadamente hasta febrero da 1961, pero yo me inicié como director de Tamatán el 16 de septiembre de 1947, fecha que no se puede olvidar por ser fiesta nacional.
EZC  : ¿Usted le imprimió un sello particular ala conducción de la escuela de Tamatán, pero quizás haya tenido algunos modelos pedagógicos en los que se haya inspirado, ¿fue así?
RCM  Bueno, realmente sí, creo que gran parte de la experiencia que puse en práctica en las normales rurales (por que estuve en muchos estados antes de llegar a Tamaulipas), pienso que el autor de las ideas fundamentales que manejaba, pues, era un gran amigo mío y con el cual tuve que convivir muchos años, por circunstancias que no vienen al caso mencionar: el Profesor José Santos Valdés Gracia, oriundo de Coahuila, con el cual tuve mucha relación y el cual en cierta manera me favoreció en algunas de las cosas en las que tuve éxito.
           Porque no soy de las personas que piensan que los hombres podemos considerarnos con la paternidad de muchas cosas que hacemos, por que muchas de las cosas que hacemos no son el producto de la acción personal, sino más bien, es el producto de una serie de factores, que se reúnen alrededor de uno y que van haciendo que uno tome determinado rumbo.
          Quiero ser sumamente claro, cuando llegué a Tamatán no llegué con un proyecto mental. Es cierto que a mí me trajeron de Yucatán, porque gustó al director general de enseñanza normal, que entonces era profesor Marciano Z. Martínez, la forma en que estuve manejando la escuela de Tecax, con un grupo de 25 alumnos. Fui el que la fundó allá, fui a buscar,  a recoger alumnos. Entonces al profesor Marciano le gustó el trabajo por ser digno de mención. El me mandó para acá; no con la consigna de que hiciera lo mismo, por que la verdad de las cosas, era tan sencilla aquella escuelita que no permitía tener un plan de trabajo perfectamente diseñado. No tenía una experiencia pedagógica muy amplia. La vida lo va haciendo a uno.
         Ahora bien. ¿Qué pasó en Tamatán? Ya te dije y te o repito, de que no me siento con la paternidad de lo que se hizo ahí.
         Veo que ahí se junto un grupo de gente con características especiales, con calidad tanto en el sector de los maestros como en el sector de los empleados y el personal de ayuda, como entre todos los muchachos  porque eran los que en un momento determinado tenían más empuje porque eran más.
          Entonces nosotros empezamos a estructurar desde abajo a base de mucho regateo, todo mundo tenía muchas ideas, todo mundo opinaba, todo mundo luchaba porque las cosas fueran buenas y entonces en ese ambiente se fueron generando estructuras muy importantes.
            Siempre cuando tengo oportunidad me inclino más exaltar la calidad de los muchachos. Primero porque era muchachos originarios del medio rural, traían una muy acendrada moral de la familia campesina y además muy ávidos de luchar y de conseguir algo y entonces siempre le doy a estas circunstancias como uno de los elementos más decisivos para que se hiciera lo que se hizo en Tamatán.
          A mi me ha tocado recoger la cosecha, todas estas cosas que tu ves aquí (señala distintos reconocimientos) es la cosecha de aquellos que… pero no fui el que sembró. Fui uno de los que aventaron la semilla. El problema siempre se planteó así. Por que no perdonaría la actitud de creer que fui el que hizo todo.
Considero al personal docente como muy brillante, con unas características muy precisas. Muchos jóvenes y tres o cuatro personas con una experiencia enorme que no puedo citar porque mi memoria está muy deteriorada pero te puedo mencionar al profesor Genaro G. Ruiz, que por cierto hace unas semanas se le hizo aquí una gran conmemoración, Don Generito, como le llamábamos. Un hombre de gran calidad cuando hablaba había que callar.
        Estaba otra maestra, la señorita Celeste Caballero Caballero, gente de mucha calidad. Había hombres muy experimentados tanto en el campo como en los talleres. Se trata de un fenómeno, no creo que sea raro: mucha gente con ganas de trabajar y de que las cosas salieran bien.
         ¿Qué me tocó a mí? .
          Era el que coordinaba las cosas pro ser ahí el director, nombramiento que no me lo gané sino que a mí me lo dieron, llegué ahí como director de la escuela.