miércoles, 20 de junio de 2012
El Hermano Oso
Recuerdo bien cuando llegué a la antigua escuela Normal Rural de Tamatán, era un guerquillo.
Flaquillo, con los ojos pelones y desconfiando de todo mundo, la cosa estaba del carancho.
Eran bien canijos en la escuela Normal, todos veníamos de familias de pobres, hijos de agricultores, obreros, albañiles, en fin de familias muy amoladillas, así que los chamacos eran bien vivarachos, listos para fregarse al que se dejara.
Claro, no estoy hablando de robar o cosas por el estilo, si no que me refiero que estaban listos para burlarse o ponerle carrilla al que se deje.
Así llegue yo, mi mamá me llevaba de la mano y bueno que llegó a la Escuela Normal Rural.
Yo todo flaquillo, escurrido llegué de la mano de mi mama, con cierto temor, pues sabíamos de las historias que se contaban de la Normal, en el sentido de que agarraban a carro a los nuevos alumnos.
Les ponían apodos, los rapaban y los bañaban con agua fría, era el inicio para todos los novatos, no respetaban a nadie, por eso tenía cierto, temor y es cuando mi mamá se acerca con los hermanos EDMUNDO y SERVANDO ANAYA ANAYA.
Era de nuestro pueblo.
Padillenses como yo a mucha honra y de inmediato me identifique con ellos, pa’ pronto mi madre que me encarga con ellos.
- Muchachos ahí les encargo a mi muchacho que no me le hagan nada, cuídenmelo por favor.
Y los hermanos ANAYA ANAYA cumplieron con su encargo.
Me llevaban a todos lados.
Eran dos muchachos fortachones que inspiraban respeto a cualquiera que los observara, pues eran dos roperos con los cuales nadie se metía, por eso les apodaban los osos ANAYA.
Los chavos de la escuela no me hicieron pagar nada. Nunca pudieron novatearme, porque me veían siempre con los hermanos ANAYA, que me iban y dejaban a la barraca donde dormíamos.
Mis compañeros todos pensaban que yo era hermanos de los ANAYA, por eso me respetaron durante mi inicio.
Me llamaban el “osillo” y ellos eran los OSOTES.
Así es como se me queda el apodo del “oso”, por lo cual yo estoy muy agradecido, pues pudo ser algo peor y me pudieron llamar el tacuache, el mapache, el sapo o como tú quieras, porque toda la raza de la Normal tenía un apodo de acuerdo a su físico y eran buenos para atinarle.
Yo por ejemplo llegué a observar a raza que le decían el conejo y estaban dientones y orejones como el animalito y no faltaba a quien le apodan el tacuache y parece que lo estabas viendo con la cara del animal.
A mí me toca buena suerte, pues gracias a los hermanos ANAYA soy el OSO, apodo que llevo con gusto.
La historia la cuenta LUIS HUMBERTO HINOJOSA OCHOA, el Subsecretario de Educación Primaria.
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