EZM ¿Cómo era la vida
cotidiana en la escuela de Tamatán?
JLGG Las normales rurales
tenían un aspecto muy importante, muy
natural. Así como vivíamos en el ejido, haz de cuenta que la normal rural era
otro ejido.
En
el ejido la autoridad máxima era el presidente del comisariado ejidal, allá era
el director de la escuela; después del presidente del comisariado ejidal. Había
el presidente de educación, allá en la escuela era el maestro de pedagogía.
La
estructura sociológica de la Normal Rural y el ejido era muy semejante, allá
había cooperativa de producción y consumo, acá también había cooperativa. En el
ejido se tomaban acuerdos comunitarios en asamblea, acá también; se prestaban días en el barbecho y
se prestaban aperos de labranza, acá nos prestábamos los zapatos o las camisas unos
a otros, es decir, había una educación comunitaria.
Era muy semejante. Pero había notas específicas. Sentí que íbamos del ejido a la normal
Rural sólo a ponerle nombre científico a los hechos y fenómenos que tenía la
vida. Nosotros desde niños vimos nacer el maíz y el frijol y en la Normal nos
dijeron que a eso se le llamaba germinación.
Nosotros habíamos visto como nuestra mamá nos curaba con árnica o
sábila, pues ahí nos dijeron que era asepsia.
Nosotros no sabíamos muchas cosas que las hacíamos por tradición,
podríamos decir que nosotros fuimos vegetarianos por necesidad. Comíamos
quelites, sin saber las propiedades del quelite, verdolagas, nopales, flor de
pita, buena leche – nosotros la ordeñábamos – de tal manera que nosotros no
sabíamos los contenidos proteínicos de los alimentos pero los comíamos. Cuando
llegamos a la normal rural supimos de menú. Conocimos científicamente lo que ya
hacíamos en forma rutinaria.
Tamatán era una escuela hermosa porque se parecía mucho a nuestro hogar.
¿Cuándo uno se siente bien en otra parte? Pues cuando aquella parte
tiene que ver con tu vida anímica, cuando tiene que ver con tu historia, cuando
hay cosas comunes, si no tú mismo te sientes incómodo.
Si
estuviera en otra cosa que fuera réplica de ésta pero con distinto dueño me
sentiría incómodo y creo que a ti te pasa igual cuando vas con tus compañeros
ex – alumnos de San José de las Flores, te sientes aproximado a tu vida, a tu
formación y a tu historia.
Tamatán era una hermosa familia donde el
maestro no iba a la escuela, éramos una familia.
Nos educamos en el comedor, simplemente cómo sentamos a la mesa, nos
enseñaron a tomar los cubiertos, nos enseñaron a ser nosotros, a saber guisar
un arroz, a saber guisar los frijoles, a hacer un cortadillo, a hacer un postre
de arroz con leche y ponerle canela encima, a planchar y a lavar nuestra ropa,
a inyectar una gallina, a capar una gallina, a capar una colmena, tantas cosas
que hasta la fecha nos hacen un tanto diferentes a los maestros de otras
instituciones.
