EZC ¿Cuáles son sus concepciones sobre la
disciplina desarrollada en Tamatán?
RCM una de las cosas que no
pueda decir que la haya inventado era la manera en que manejaba la disciplina.
Se creó ahí lo que llamamos el Comité de honor y justicia.
Era un organismo formado por un representante de cada uno de los grupos
con un maestro asesor nada más, propiamente el organismo era independiente. El
asesor moderaba las cosas, a veces se evitaba que los muchachos se
radicalizaran con los castigos.
Ese comité era el encargado de moderar, de revisar y de evaluar las
conductas de los alumnos.
Estas ideas me las pasó, muy probablemente, Santos Valdés porque además,
para entonces ya había leído su libro “Democracia
y Disciplina Escolar”. En Tamatán lo hicimos y funcionó muy bien.
Todos los sábados los muchachos tenían reunión, castigaban a los que
habían cometido algún error y los castigos eran de tipo moral; es decir, se le
daba a ceda muchacho cien puntos de calificación de conducta que iba
disminuyendo con forme el comité iba quitando puntos por las faltas e
irregularidades que los muchachos en un momento dado cometían.
EZC: ¿Los castigos no eran trabajos forzados?
RCM No, nunca quisimos darle esa categoría
de castigo al trabajo, cuando realmente creó que una de las cosas más
importantes de Tamatán, que no era de Tamatán sino del sistema es precisamente
el hecho de que el trabajo es muy disciplinante y no sólo cumplía esa función
disciplinante sino que hacia otra función muy importante.
Los tiempos del día se dividían en dos partes: en un tiempo para
estudiar y en otro tiempo para trabajar y en esa mezcla hacía que no hubiera
rechazo o falta de interés, porque estaban tan mezcladas las cosas que para el
muchacho era realmente muy agradable, incluso, dejar una tarea pendiente para
el día de mañana, irse atrabajar a las aulas, etcétera.
El muchacho no se sentía
presionado por el grupo de maestros, eran los alumnos los que los reportaban.
El que decía quienes
faltaban, pues, era el jefe de grupo; el que reportaba algún error en el
comedor eran los meseros, los que servían las mesas, o bien en el mismo
dormitorio los jefes de dormitorios cuando habían necesidad de reportar por
transgresiones a las normas.
Ahí en Tamatán nosotros no trabajámos sobre los muchachos, trabajámos
con ellos.
EZC: ¿Se podría hablar
de los jóvenes ejercían un autogobierno escolar?
RCM Sí era un autogobierno. Es más, ninguna cosa
que hubiera en la escuela dejaba de tener un responsable alumno. Voy a ponerte
el ejemplo más gráfico: la Junta
de Raciones.
La Junta
de Raciones tenía por lo menos cinco alumnos. Un alumno encargado de manejar el
dinero y de comprar la mercancía junto con la ecónoma. La ecónoma, nunca sola,
siempre en compañía de los muchachos.
Los muchachos tenían la obligación de informar a sus compañeros cómo
gastaban el dinero, dónde se gastaba, a quién compraban, etcétera. Yo no
conocía a los comerciantes.
Era una cosa completamente extraña a nosotros, pero además teníamos un
sistema que a mí me parecía muy bueno: ¿Qué tenía la junta de Raciones? No
tenía dinero, tenía una chequera.
Esta chequera la tenía la ecónoma y cuando debía que hacer un pago lo
hacía a través de un documento. Hacía el cheque y lo apuntaba en la factura
correspondiente.
¿Qué me tocaba hacer a mí? Revisar las cantidades, si la factura y el
cheque correspondían, y firmar el cheque.
Ese documento iba a una caja fuerte en donde se acumulaban todos los
documentos de todas las comisiones que tenían acceso a dinero. Cuando llegaba
el día último del mes mi secretaria hacía una relación especial de todos los documentos
y se le mandaba al contador.
Entonces nosotros no manejábamos el dinero ni tampoco el contador. Se
manejaban papeles. Yo era un firmador de cheques y un acumulador de documentos
que iban ala contaduría y la ecónomas se dedicaban junto con los muchachos a
buscar los mejores precios en Victoria.
Ese fue unos de los aciertos. Sería poco correcto si te dijera “yo
invente esto” Yo no sé como se hace todo esto. (Confiesa en voz baja).
Nosotros teníamos unas
características que no se daban en otras escuelas.
Teníamos una planta de hielo, que todos los
días repartía a Ciudad Victoria el hielo,- a una parte – y cada mes nos pagaba,
teníamos un molinillo de nixtamal, que le daba servicio a toda la comunidad, y
claro, eso producía dinero.
Pero además lo que sembrábamos, las huertas de naranjas nos daban mucho
dinero, bueno, no puedo decir mucho. Daban dinero. Pero casi siempre había un
precio muy bajo. Nosotros vendíamos eso.
Ahora bien esas cantidades se mandaban por conducto de la contaduría, a
ala cuenta del Banco de México, a disposición de la Dirección General
de Enseñanza Normal.
De esa cantidad la Dirección General
de Enseñanza Normal disponía de pequeñas cantidades con las que apoyaban a los
muchachos en los viajes de estudios, en sus festivales, etcétera. Ese era
aproximadamente un 2%. Lo demás se quedaba en la SEP y no sabemos cual era el destino, pero
nosotros esperamos…. Estamos seguros que al destino era el que se debía dar.
Porque entiendo que esta era una cuestión no exclusiva de Tamatán, sino que
todas las escuelas hacían lo mismo.
Había escuelas que tenían campos agrícolas muy productivos, como el de
Roque, Guanajuato; donde alguna vez estuve allá como profesor, nosotros no
teníamos muchos cultivos, pero si teníamos lo nuestro. Teníamos una buena
hortaliza, teníamos incluso un campo de cultivo, donde a veces hacíamos
experimentos muy importantes.
Por primera vez, recuerdo, hicimos la siembra del trigo pelón- así le
llamábamos- al trigo Mex.-53, que fue la semilla que trajimos por primera vez…
Esas cosechas así se manejaban.
