martes, 3 de julio de 2012

LA DISCIPLINA EN TAMATAN.




              EZC  ¿Cuáles son sus concepciones sobre la disciplina desarrollada en Tamatán?
               RCM una de las cosas que no pueda decir que la haya inventado era la manera en que manejaba la disciplina. Se creó ahí lo que llamamos el Comité de honor y justicia.
               Era un organismo formado por un representante de cada uno de los grupos con un maestro asesor nada más, propiamente el organismo era independiente. El asesor moderaba las cosas, a veces se evitaba que los muchachos se radicalizaran con los castigos.
                Ese comité era el encargado de moderar, de revisar y de evaluar las conductas de los alumnos.
                 Estas ideas me las pasó, muy probablemente, Santos Valdés porque además, para entonces ya había leído su libro  “Democracia y Disciplina Escolar”. En Tamatán lo hicimos y funcionó muy bien.
              Todos los sábados los muchachos tenían reunión, castigaban a los que habían cometido algún error y los castigos eran de tipo moral; es decir, se le daba a ceda muchacho cien puntos de calificación de conducta que iba disminuyendo con forme el comité iba quitando puntos por las faltas e irregularidades que los muchachos en un momento dado cometían.
               EZC:  ¿Los castigos no eran trabajos forzados?
               RCM   No, nunca quisimos darle esa categoría de castigo al trabajo, cuando realmente creó que una de las cosas más importantes de Tamatán, que no era de Tamatán sino del sistema es precisamente el hecho de que el trabajo es muy disciplinante y no sólo cumplía esa función disciplinante sino que hacia otra función muy importante.
                Los tiempos del día se dividían en dos partes: en un tiempo para estudiar y en otro tiempo para trabajar y en esa mezcla hacía que no hubiera rechazo o falta de interés, porque estaban tan mezcladas las cosas que para el muchacho era realmente muy agradable, incluso, dejar una tarea pendiente para el día de mañana, irse atrabajar a las aulas, etcétera.
                  El muchacho no se sentía presionado por el grupo de maestros, eran los alumnos los que los reportaban.
                  El que decía quienes faltaban, pues, era el jefe de grupo; el que reportaba algún error en el comedor eran los meseros, los que servían las mesas, o bien en el mismo dormitorio los jefes de dormitorios cuando habían necesidad de reportar por transgresiones a las normas.
                 Ahí en Tamatán nosotros no trabajámos sobre los muchachos, trabajámos con ellos.
EZC: ¿Se podría hablar de los jóvenes ejercían un autogobierno escolar?
RCM   Sí era un autogobierno. Es más, ninguna cosa que hubiera en la escuela dejaba de tener un responsable alumno. Voy a ponerte el ejemplo más gráfico: la Junta de Raciones.
               La Junta de Raciones tenía por lo menos cinco alumnos. Un alumno encargado de manejar el dinero y de comprar la mercancía junto con la ecónoma. La ecónoma, nunca sola, siempre en compañía de los muchachos.
               Los muchachos tenían la obligación de informar a sus compañeros cómo gastaban el dinero, dónde se gastaba, a quién compraban, etcétera. Yo no conocía a los comerciantes.
               Era una cosa completamente extraña a nosotros, pero además teníamos un sistema que a mí me parecía muy bueno: ¿Qué tenía la junta de Raciones? No tenía dinero, tenía una chequera.
             Esta chequera la tenía la ecónoma y cuando debía que hacer un pago lo hacía a través de un documento. Hacía el cheque y lo apuntaba en la factura correspondiente.
           ¿Qué me tocaba hacer a mí? Revisar las cantidades, si la factura y el cheque correspondían, y firmar el cheque.
         Ese documento iba a una caja fuerte en donde se acumulaban todos los documentos de todas las comisiones que tenían acceso a dinero. Cuando llegaba el día último del mes mi secretaria hacía una relación especial de todos los documentos y se le mandaba al contador.
       Entonces nosotros no manejábamos el dinero ni tampoco el contador. Se manejaban papeles. Yo era un firmador de cheques y un acumulador de documentos que iban ala contaduría y la ecónomas se dedicaban junto con los muchachos a buscar los mejores precios en Victoria.
         Ese fue unos de los aciertos. Sería poco correcto si te dijera “yo invente esto” Yo no sé como se hace todo esto. (Confiesa en voz baja).
            Nosotros teníamos unas características que no se daban en otras escuelas.
            Teníamos una planta de hielo, que todos los días repartía a Ciudad Victoria el hielo,- a una parte – y cada mes nos pagaba, teníamos un molinillo de nixtamal, que le daba servicio a toda la comunidad, y claro, eso producía dinero.
         Pero además lo que sembrábamos, las huertas de naranjas nos daban mucho dinero, bueno, no puedo decir mucho. Daban dinero. Pero casi siempre había un precio muy bajo. Nosotros vendíamos eso.
        Ahora bien esas cantidades se mandaban por conducto de la contaduría, a ala cuenta del Banco de México, a disposición de la Dirección General de Enseñanza Normal.
         De esa cantidad la Dirección General de Enseñanza Normal disponía de pequeñas cantidades con las que apoyaban a los muchachos en los viajes de estudios, en sus festivales, etcétera. Ese era aproximadamente un 2%. Lo demás se quedaba en la SEP y no sabemos cual era el destino, pero nosotros esperamos…. Estamos seguros que al destino era el que se debía dar. Porque entiendo que esta era una cuestión no exclusiva de Tamatán, sino que todas las escuelas hacían lo mismo.
           Había escuelas que tenían campos agrícolas muy productivos, como el de Roque, Guanajuato; donde alguna vez estuve allá como profesor, nosotros no teníamos muchos cultivos, pero si teníamos lo nuestro. Teníamos una buena hortaliza, teníamos incluso un campo de cultivo, donde a veces hacíamos experimentos muy importantes.
            Por primera vez, recuerdo, hicimos la siembra del trigo pelón- así le llamábamos- al trigo Mex.-53, que fue la semilla que trajimos por primera vez… Esas cosechas así se manejaban.
              Claro no había que dar explicaciones, por que las explicaciones las podía dar cualquiera. Había muchas gentes que metían las manos en todas las cosas, por eso nosotros nunca tuvimos problema.